La profecía pedía un gran guerrero. Llegaste vos, con los palos de golf.
Fuiste a una feria medieval disfrazado de caballero. Los palos de golf seguían en el baúl. Te pisó un auto, y un mago te invocó a otro mundo: la profecía pedía armadura reluciente y un arma de precisión letal.
Le tocaron los palos de golf.